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Entorno económico y financiero

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La fuerte expansión del virus COVID-19, especialmente en los meses de marzo y abril, ha provocado una recesión global histórica, la más grave desde la segunda guerra mundial, como consecuencia de las medidas de confinamiento para frenar la epidemia.

A pesar de que, a partir de mayo, las restricciones a la movilidad y a la socialización se fueron relajando y la actividad se fue recuperando con fuerza de forma generalizada, estimamos que el PIB mundial retrocedió un 5% en el segundo trimestre de 2020 tras caer un 3% en el primer trimestre.

La recesión afecta a todas las principales economías salvo a China, que sufrió el shock en el primer trimestre e inició la recuperación a partir de marzo. En EEUU y en la UEM se espera una caída del PIB entre el 8% y el 9% trimestral, si bien en el caso de Europa habrá diferencias significativas entre países: la contracción puede superar el 10% en los más dependientes del turismo y con menor músculo fiscal (Francia, España e Italia) y será menos severa en Alemania (caída del 7% estimada).

El escenario es todavía muy adverso, pero la situación está mejorando gracias a las excepcionales medidas de apoyo fiscales (superan los 10 billones de dólares a escala mundial) y a una política monetaria que nunca ha sido más expansiva.

La Reserva Federal completó un conjunto de 11 facilidades, bajo las cuales interviene en prácticamente todos los segmentos del mercado, y aumentó el volumen de algunas de ellas, mientras que el BCE estableció nuevas operaciones de financiación a largo plazo para las entidades y mejoró las condiciones de las existentes. Además, decidió ampliar su programa temporal de compra de activos de los sectores público y privado (PEPP, por sus siglas en inglés) que inició en marzo, desde un volumen de 750.000 millones de euros a 1,35 billones, y extendió su vigencia, al menos, hasta junio de 2021. Todo ello ha supuesto que, en un solo trimestre, el balance de ambos bancos centrales haya aumentado sustancialmente (+23% en el BCE y +35% en la Fed).

La efectividad de dichas medidas ha sido incuestionable, con una moderación de las tensiones en todos los mercados y, en particular, en el mercado interbancario. El incremento que experimentó el Euribor a 12 meses en los primeros compases de la crisis, debido, entre otros factores, a un aumento de la prima de riesgo, se ha visto corregido, en su mayor parte. Los bonos periféricos han sido otro de los principales beneficiados de la estrategia desarrollada por el BCE. Las tires a 10 años de España e Italia cayeron algo más de 20 pb y sus gobiernos han cubierto con holgura sus necesidades de endeudamiento.

En España, la crisis derivada de la COVID-19 y las restricciones adoptadas para contener su expansión han provocado un deterioro histórico de la actividad y el empleo. La caída extraordinaria del PIB en el primer trimestre de 2020 (-5,2% trimestral) será ampliamente superada en el segundo trimestre del año, dado que las medidas de contención han estado vigentes buena parte del tiempo, frente a apenas dos semanas en el trimestre anterior. Pese al impacto amortiguador de los ERTEs, la afiliación anota en el trimestre una caída del 4,9% trimestral (950.000 afiliados menos respecto al primer trimestre), siendo el peor registro de la serie. No obstante, es un comportamiento coherente con el desplome sin precedentes del PIB (el Banco de España estima una caída de entre el 16% y el 21,8% trimestral). Por el lado positivo, las familias se enfrentan a la crisis en mejor posición financiera. Aunque en el primer trimestre de 2020 sus rentas moderan el crecimiento, el deterioro se ve amortiguado por las medidas de apoyo, mientras que el consumo, condicionado por el confinamiento, sufre un notable retroceso. En consecuencia, se han disparado la tasa de ahorro de las familias (8,8% de la renta bruta disponible -RBD-, la más alta en ocho años) y su capacidad de financiación (2,3% del PIB, máximo histórico).

El sector bancario cierra este segundo trimestre reflejando el impacto de la crisis sanitaria. Los bancos cuentan, sin embargo, con una sólida situación de partida para afrontar esta crisis, sustentada en la mejor calidad de su balance y el significativo fortalecimiento de su solvencia en los últimos años. El crédito a empresas crece con fuerza poniendo de manifiesto el uso intensivo de las líneas de avales públicos mientras que la financiación destinada a hogares acusa el ajuste en vivienda y, sobre todo, en consumo, caídas que hubieran sido más intensas en ausencia de moratorias sobre el pago. Por el lado de la captación, los depósitos de hogares y empresas aumentan con fuerza reflejando el crecimiento de la tasa de ahorro y de la búsqueda de activos de bajo riesgo.

El efecto mercado positivo compensa, en cierta medida, el fuerte ajuste producido en el patrimonio de los fondos de inversión y de pensiones en marzo. Las medidas de flexibilidad operativa, prudencial y regulatoria adoptadas para apoyar el adecuado funcionamiento del sistema bancario y las recomendaciones de suspender el pago de dividendos y de mantener la prudencia en el pago variable de los salarios a empleados, han sido efectivas para canalizar recursos generados hacia el refuerzo de las posiciones de capital y facilitar el flujo de crédito a la economía en los últimos meses.

 El contexto actual dominado por un elevado grado de incertidumbre ha aumentado significativamente la presión a la baja de la rentabilidad del sector ante un potencial deterioro de la calidad de los activos, lo que requerirá de esfuerzos adicionales para reducir costes y mejorar la eficiencia, al tiempo que se aborden otros retos más recientes relacionados con la digitalización y a la ciberseguridad.

Impacto futuro de la COVID-19 en el Grupo Bankia

Aunque de momento resulta difícil conocer el impacto específico que en los siguientes periodos tendrá la actual crisis y los efectos mitigantes de las medidas de apoyo del Gobierno y las entidades financieras, el Grupo se enfrenta a varios riesgos, comunes a todo el sector bancario, que están ligados a la evolución futura de la pandemia, tales como un posible incremento importante de la morosidad, un descenso en la concesión de nuevos préstamos a particulares, principalmente en consumo, un mayor riesgo de deterioro del valor de sus activos (incluidos los instrumentos financieros valorados a valor razonable, que podrán sufrir importantes fluctuaciones, y los títulos mantenidos por motivos de liquidez) o un impacto negativo en el coste de la financiación de la Entidad (especialmente en un entorno en que las calificaciones crediticias se vean afectadas en un futuro).

Asimismo, es previsible que el retroceso de la actividad productiva y del consumo provocados por la pandemia, así como las medidas de apoyo del Gobierno y las adoptadas por Bankia para proteger a las familias, empresas y autónomos tengan un impacto negativo en los resultados y las operaciones, siendo el principal impacto en los resultados del Grupo el aumento de las pérdidas por deterioro asociadas al incremento de la morosidad. No obstante, el Grupo espera una paulatina recuperación de las principales líneas de ingresos en los próximos trimestres, ligada al aumento progresivo de la actividad, junto con una contención en costes. En este sentido, el Grupo seguirá realizando un seguimiento continuo de sus carteras de crédito y de los principales indicadores de riesgo para anticipar posibles impactos de la crisis en la calidad de sus activos.

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