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Entorno económico y financiero

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Después de que la economía mundial sufriera una recesión histórica en el segundo trimestre de 2020 debido a las medidas radicales de contención de la pandemia del COVID-19, su relajación a partir de mayo permitió una reactivación generalizada, aunque muy desigual, impulsada por unos estímulos monetarios y fiscales sin precedentes.

Los datos de crecimiento del tercer trimestre de 2020 serán muy dinámicos, pero salvo en alguna excepción, como China, se quedarán muy lejos de compensar el colapso sufrido durante el periodo de confinamiento. La recuperación continuará en el cuarto trimestre del año, pero a mucho menor ritmo y con algunos sectores, como hostelería, ocio y turismo, todavía bloqueados por la aparición de segundas olas de la epidemia. En consecuencia, no es previsible que EEUU y Alemania recuperen el nivel de PIB previo a la pandemia hasta el primer trimestre de 2022 y en los países del sur de Europa este gap podría no cerrarse hasta 2023, salvo que se cuente con una vacuna efectiva y segura en los próximos meses. Los efectos de la crisis y la recuperación posterior son tan desiguales en la UEM que suponen una nueva amenaza de fragmentación. Esto llevó a la UE a firmar un acuerdo histórico, dando el visto bueno a un Fondo de Recuperación por 750.000 millones de euros (390.000 en subvenciones y los 360.000 restantes, en créditos), que junto al programa SURE de empleo y las líneas blandas de crédito a gobiernos del MEDE y a empresas del BEI, elevarán los estímulos de la UE hasta 1,3 billones de euros. Los más beneficiados serán los países del este y sur de Europa, con ayudas que podrían superar el 10% del PIB.

Los bancos centrales también han contribuido a la recuperación, manteniendo una política monetaria muy acomodaticia y despejando dudas sobre su continuidad durante años. Además de ampliar, temporalmente, las facilidades que introdujo en el peor momento de la crisis, la Fed ha modificado su estrategia, permitiendo que la inflación supere el 2% y dando al empleo mayor relevancia dentro de su objetivo dual. También el BCE está considerando cambiar el objetivo de inflación en línea con la Fed y empieza a contemplar los QE como una herramienta habitual, en lugar excepcional. Todo ello confirma que los tipos de interés se mantendrán bajos durante un largo periodo de tiempo y que el excedente de liquidez, que ha provocado un nuevo mínimo histórico en el Euribor a 12 meses, seguirá en niveles muy elevados.

Esta política monetaria, unida a la incertidumbre por la pandemia, ha dado soporte a la deuda pública, pero especialmente a los bonos periféricos. Los bonos a 10 años español y portugués han caído 22 puntos básicos en el tercer trimestre del año, destacando positivamente el italiano, al ceder 39 puntos básicos y alcanzar a principios de octubre nuevos mínimos históricos. Las compras del BCE, La búsqueda de rentabilidad, la buena cobertura de las necesidades de endeudamiento, la favorable gestión por Italia de la segunda ola de la pandemia y el aumento de la estabilidad de su gobierno, tras ciertos éxitos electorales, han aumento el interés de los inversores por estos activos.

En España, tras el desplome del trimestre anterior, se espera un intenso rebote del PIB en el tercer trimestre de 2020, en torno al 13% trimestral, si bien se ha observado un debilitamiento a lo largo del trimestre, debido a una creciente incertidumbre por los rebrotes de la pandemia, con la consiguiente adopción de medidas de contención. Esto explica la pésima temporada turística, que ha frenado, a su vez, la reactivación del mercado laboral: pese a anotar aumentos históricos de la afiliación, todavía hay medio millón de afiliados menos que antes del estallido de la crisis. Además, la reincorporación de trabajadores en ERTE se ha ido amortiguando (a finales de septiembre aún quedaban 728.909). Pese a esta situación, las familias han seguido mejorando su posición financiera: a la caída de su renta en el segundo trimestre de 2020, -frenada por las prestaciones sociales-, respondieron con un ajuste mucho mayor de su consumo, de modo que su tasa de ahorro se disparó hasta el 11,2% de la RBD, un nivel desconocido desde 2010. Aunque ha existido un ahorro precaución, la mayor parte ha sido forzoso, dada la imposibilidad de consumir por las restricciones y las medidas de confinamiento.

En el sector bancario, la activación progresiva de los programas de avales públicos gestionados por el ICO ha sido crucial para conseguir la necesaria expansión del crédito que atienda las necesidades de liquidez de las empresas más afectadas por la pandemia. La efectividad de tales medidas se refleja en el cambio de tendencia registrado por la evolución del saldo vivo del crédito a empresas, desde una contracción antes del inicio de la crisis a la expansión actual. En captación, el volumen de depósitos en entidades financieras mantiene la senda ascendente, reflejo del aumento del ahorro de los hogares hasta máximos históricos y de la acumulación de liquidez de las empresas ante la incertidumbre producida por la crisis. En este difícil entorno, la rentabilidad del sector ha seguido deteriorándose, en parte debido a la anticipación de provisiones crediticias, lo que exige nuevas ganancias en eficiencia no sólo por la vía de la reducción de costes, sino también a través del aumento de la inversión en digitalización y en nuevas tecnologías y la consolidación del sector. La solvencia de las entidades españolas, por otra parte, se mantiene elevada, reflejando la importancia de las medidas prudenciales adoptadas. En este ámbito, el BCE publicó en julio los resultados agregados de su análisis de vulnerabilidad para evaluar la resistencia de las entidades ante la perturbación generada por la pandemia, poniendo de manifiesto que, pese a la heterogeneidad existente entre entidades, los bancos del euro cuentan, en conjunto, con suficiente capacidad para afrontar el impacto del COVID-19.

Impacto futuro de la COVID-19 en el Grupo Bankia

Aunque de momento resulta difícil conocer el impacto específico que en los siguientes periodos tendrá la actual crisis y los efectos mitigantes de las medidas de apoyo del Gobierno y las entidades financieras, el Grupo se enfrenta a varios riesgos, comunes a todo el sector bancario, que están ligados a la evolución futura de la pandemia, tales como un posible incremento importante de la morosidad, un descenso en la concesión de nuevos préstamos a particulares, principalmente en consumo, un mayor riesgo de deterioro del valor de sus activos (incluidos los instrumentos financieros valorados a valor razonable, que podrán sufrir importantes fluctuaciones, y los títulos mantenidos por motivos de liquidez) o un impacto negativo en el coste de la financiación de la Entidad (especialmente en un entorno en que las calificaciones crediticias se vean afectadas en un futuro).

Asimismo, es previsible que el retroceso de la actividad productiva y del consumo provocados por la pandemia, así como las medidas de apoyo del Gobierno y las adoptadas por Bankia para proteger a las familias, empresas y autónomos tengan un impacto negativo en los resultados y las operaciones, siendo el principal impacto en los resultados del Grupo el aumento de las pérdidas por deterioro asociadas al incremento de la morosidad. No obstante, el Grupo espera una paulatina recuperación de las principales líneas de ingresos en los próximos trimestres, ligada al aumento progresivo de la actividad, junto con una contención en costes. En este sentido, el Grupo seguirá realizando un seguimiento continuo de sus carteras de crédito y de los principales indicadores de riesgo para anticipar posibles impactos de la crisis en la calidad de sus activos.

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